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  Nada
Era un pobre diablo que siempre venía
cerca de un gran pueblo donde yo vivía;
Joven, rubio y flaco, sucio y mal vestido,
siempre cabizbajo...¡Tal vez un perdido! 


Un día de invierno lo encontraron muerto
dentro de un arroyo próximo a mi huerto,
varios cazadores que con sus lebreles
cantando marchaban. Entre sus papeles
no encontraron nada. Los jueces de turno
hicieron preguntas al guardián nocturno:
éste no sabía nada del extinto;
ni el vecino Pérez, ni el vecino Pinto. 


Una chica dijo que seria un loco
o algún vagabundo que comía poco,
Y un chusco que oía las conversaciones
se tentó de risa. ¡Vaya unos simplones 


Una paletada le echó el panteonero;
luego líoun cigarro, se caló el sombrero
y enprendió la vuelta. Tras la paletada
nadie dijo nada, nadie dijo nada




  Carlos Pezoa Véliz 


Tarde en el hospital

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