Cual caireles
penden de tu rostro
lágrimas multicolores:
¡Azuladas, rosadas, centellantes!
Trapecios de color
acuden al alma
en busca,
de un espacio lejano.
Eternamente dolor,
eternamente agua,
que fluye del manantial
cristalino del destino.
Dime Tú Erudito de los hombres,
Transparencia gentil
dime si estás allá en el neón
Alumbrando las almas...
¡Oscuras divagan...!
¿Estaré yo en la nada
sólo iluminada?
Amorfa,
etérea,
entregada a las lluvias,
solo de cristal.
¡Se encienden los espejos!
¡Los destellos enceguecen!
Y así en la omniscencia
fluye como un artificio
ese eco del pasado,
sutil, enmascarado.
Un tornado llega.
Y envuelve cual enmienda
en la oscuridad total
con su mortaja a la vida.
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