Esa voz
recuerdo de vino
y humeantes cigarrillos
donde quemar las penas.
Aguda, reseca,
con mil gritos ahogados
en noches de locura
en noches vacías de lunas.
Voz nacida de veladas sin sueños.
Llena amores errantes
sin destino que les llene el alma.
La que se escucha
y no se olvida.
La que nos seduce
y se queda prendida
en las entrañas.
Invasora de sentimientos.
Isabel Miralles
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